7 jun. 2011

Los orígenes de la Fantástico.


Un magnifico artículo sobre el cómic de ciencia ficción
 firmado por Machison, el guionista de MISHERER

L
os orígenes de lo fantástico y lo   imaginario se pierden en el tiempo, y están profundamente arraigados en la historia del hombre, y especialmente en la historia del arte. Es una forma de inventar otra realidad dentro de la realidad empírica que nos rodea.
La cual nos da cierto grado de dominio etéreo sobre la percepción de las cosas a nuestro alrededor. El artista, de esta forma, nos ofrece una puerta de escape del mundo, real, hábil y seductora, donde nos expone una imagen de todo lo que sea posible desarrollar en su imaginación… en su mundo interior. 
 Una mezcla entre este concepto y la ciencia da como resultado la ciencia-ficción, género donde los rasgos fantásticos necesitan de una cierta sofisticación inherente, y visión técnica- en muchos casos de futuro- que se sirve de una inspiración muy particular.



 Ilustración de un anuncio
de principios de siglo XX

Multitud de creadores de arte habían desarrollado este género, especialmente en la literatura, sin embargo; y a pesar de que hacía muchos años ya desde que había visto la luz el invento del primer cómic reconocido como tal (Yellow Kid 1896), no fue hasta la edición de la revista (pulp) Amazing Stories, a mediados de los años veinte, cuando se inició una obra verdaderamente importante de sci-fi ilustrada; cuyos relatos sentaban las bases primerizas para el nuevo género visual que se estaba gestando.



Yelow Kid, según algunos,
el primer cómic de la historia
del noveno arte.

El iniciador de este gen fue sin duda el dibujante Frank R. Paul, que, con su brillantez y mente despierta, hizo asimilar a los fans de la imaginería lo que después, en los años subsiguientes, iba a ser una “invasión” de la sci-fi en muchos ámbitos del arte y la comunicación. Así, unos años más tarde, ya no son los marcianos los que atacan la tierra, como había relatado H.G.Wells, sino que el cómic se encarga de trasladar las fantasías de millones de mentes subyugadas a la extensión estelar, con  Buck Rogers (1929) y posteriormente Flash Gordon (1934) de Alex Raymond, una de las series de cómic más laureadas de la historia, que precedió a otra no menos importante: Superman (1938) de Siegel y Shuster, el que sería el primer superhéroe de la historia.





Y así una larga lista que incluirían seriales de cómic, que en su tiempo fueron verdaderos éxitos, con millones de lectores ávidos de aventuras espaciales y no tan espaciales; aunque cuanto menos, con un componente sci-fi, que era lo que enganchaba al público, como Brick Bradford, Batman, El Fantasma, Barbarella, y un etc muy largo hasta llegar a los años en que toda esta andadura del género confluye en un nuevo lenguaje del cómic que se empieza a relacionar con las técnicas cinematográficas. Resultado de ello es una de las mejores películas de ciencia ficción pura y dura de todos los tiempos, Star Wars.
Mezclo el aspecto cómic y cine en este caso, porque las ideas y conceptos esenciales del film están basados en visuales -art-concept- de  ilustradores de la época, como R. MacQuarrie, que plasmó en el papel toda la parafernalia de cachivaches y seres extraños con los que yo -siendo un mocoso- jugaba en mi habitación emulando a Luc Skywalker y haciendo mis primeros guiones de historias.
Ya no cabía ninguna duda de la unión de la ilustración con el celuloide en el campo de las fantasías espaciales más concretamente, y como quedaría demostrado más tarde, con todo tipo de cintas que han llegado a ser obras maestras del género; tal es el caso de Giger y sus bocetos biomecánicos, que dieron ese aspecto tan especial al 8º pasajero de Alien, que se han convertido en una referencia ilustrativa para muchos aficionados e incluso artistas del ámbito del sci-fi actual.  

  Eran tiempos de cambio para los ilustradores que empezaron a resurgir, algunos hasta de sus propias cenizas, en un momento en que yo era prácticamente un crío ávido de fantasías espaciales y  un ferviente fan de tebeos de terror y ciencia-ficción.
 




 Por todo ello, creo que fue inevitable formarse en la lectura, casi desde la tierna infancia, con revistas como Rufus, Creppy (que por aquellas  fechas se llamaba Vampus) Tótem, El Vibora, 1984, Metal Hurlant, Cimoc...
Y posteriormente ilustración+comix Internacional; la crema underground del cómic del país, que englobaba lo mejor del tebeo europeo y norteamericano de aquellos "times".


“Mundos desconocidos”, otra
entrega esporádica de la omni-
presente Marvel, dentro de la
inmejorable “Relatos Salvajes”

 Después de todo, las historias que contenían y que correspondían a distintos géneros -no sólo ciencia ficción- estaban firmadas por  maestros de la viñeta tan importantes como Moebius, Corben, Breccia, Maroto, Bea, Manara, Crepax, Pratt, Font, Narius, Bilal, Druillet, Sió, Fernández, Berni Wrigthson, Giménez; ilustradores como Royo, Penalva, Segrelles, Sanjulián, Boris Vallejo, y muchos otros, dedicados más que nunca a ensalzar el tono casi de obsesión fantástica y sci-fi, que marcó esta época dorada del cómic.
Todo esta oleada iba contemporizada, naturalmente, con la flor y nata de la archifamosa editorial Marvel, que mediante Ediciones Vértice publicaba series, que en sus primeros tiempos venían en volúmenes con portada de cartón y dibujos en blanco y negro, y presentaban personajes de la factoría Stan Lee -en los últimos 60 y primeros 70- que pocos de los jóvenes aficionados a Spiderman y la Patrulla X (ambas series, llevados al cine con gran éxito internacional de taquilla) reconocerían como inspirados de la productiva mente del que se ha llegado a catalogar en varias fuentes como el equivalente a Disney en sci-fi heroica. Tal es el caso de Kelly ojo mágico, Spider (que no Spiderman), El motorista fantasma, El doctor Extraño, Estela plateada, y un largo etc de personajes que entraban casi en la psicodelia, de un mundo que necesitaba héroes con nuevos rumbos.



Comix-internacional, un buen intento
de Toutain Editor por dar a conocer
lo mejorcito de la época.

Así fue como, afinando, afinando, los chicos Marvel dieron con una nueva vía que hacía los relatos más épicos, y quizá los más elaborados que llegaron a España. Con sus Relatos salvajes, Stan Lee adaptó buena parte de personajes del escritor Robert E. Howard, héroes de capa y espada, o como definiría L.Sprage de Camp  de "espada y brujería". publicados principalmente en la revista pulp Weird Tales.
Así, Conan el bárbaro, Kull el conquistador, y Salomón Kane, intervinieron en esta serie de más páginas y tirada especial; que también incluyó interesantes toques de artes marciales fantásticas con Sang-chi, El hijo de Fu Manchú, o Puño de Hierro; de lo mejor que he podido disfrutar en este curioso género.
Consiguió incorporar un aventurero de aires anacrónicos, del que ha sacado  cierta esencia  Indiana Jones, llamado Doc Savage (El hombre de bronce), que hizo recorrer a los lectores por mundos de ciencia y geografía newjurásica; en un tiempo en que no estaban de moda especialmente este tipo de aventuras. En definitiva, un derroche imaginativo y de esfuerzo que hizo las delicias de los que en aquel tiempo éramos devoradores de viñetas.


 

Antes de que surgiese el cine gore
en la pantalla grande, ya existía
Dossier negro en el cómic

Stan Lee echó mano del excelente dibujante John Buscema y el guionista Roy Thomas para llevar casi todo el peso de la serie, que hoy día sigue siendo un clásico. Por supuesto, no podría olvidarme del héroe más sci-fi de cuantos vieron la luz en el lote, el magistral Starlord, que rompió esquemas -como habitualmente ocurre- antes que el ámbito cinematográfico, del cual el cómic es una fuente precursora en muchos de sus géneros.

Por otra parte, y dejando a un lado los más clásicos para los cuales no tendríamos espacio  en estas páginas, la entonces editorial Bruguera, después Grijalbo, y otras tantas, se hicieron cargo de las producciones de la Lombard de Bruselas; que por aquellos principios de la nueva sci-fi ya emitía buenas sensaciones con los trazos de investigación del periodista  Rick Hochet.

 

Y otra figura que todavía sigue siendo muy conocida, el comandante Bob Morane; interesante héroe que su factoría pasó a la ficción iónica casi sin darnos cuenta, con un planteamiento narrativo puramente europeo.

Recuperar para el cómic a aquellos adolescentes y adultos que se hartaron de los -aunque fenomenales- reincidentes Filemones, Anacletos, Superlópez, Asterix, Lucky Luke, etc, que se cernían sobre los lectores, no era tarea nada fácil.
Algunos personajes atrevidos asomaron por entre el astringente humo. Chicas como Vampirella o Blanca Nieves y los Siete Enanitos Viciosos -obras que mezclaron la fantasía con el erotismo- hicieron su aparición en los kioscos españoles mercantilizados, junto a verdaderas obras maestras que dejaron escuela.
Tal fue el caso del ya citado Milo Manara y su Clic, obra de profundo matiz erótico y preciosista  narrativa, con un mucho de trama surrealista; o Guido Crepax y su famosa Valentina, serie de gran éxito europeo.  Muchos eruditos españoles, sobre todo ilustradores, desarrollaron hasta la saciedad el erotismo salvajemente fantástico que estaba en vena. Se empezaba a entender el noveno arte como un medio rico de expresión, en vez del arte periférico que venía siendo hasta la fecha en España.

Esto se notó especialmente al dotar a la ciencia ficción en viñeta, de muchos recursos que supusieron y siguen  siendo actualmente  una base de ideas casi inagotables para otros campos. Moebius y su Incal, o El Garaje Hermético, The Long tomorow...por ejemplo, fueron las
bases conceptuales de películas como Blade Runner o Alien el 8º pasajero; que más tarde serían trasladadas al celuloide con gran éxito, convirtiendo a este dibujante francés en uno de los más carismáticos del cómic y del arte en general.


“El hombre de bronce”, personaje surgido en los años más creativos de la Marvel, no dejó indiferentes a sus lectores.

En los últimos años el merchandising, el género y el estilo del mundo de la historieta se han diversificado mucho, creando multitud de tendencias editoriales, y sufriendo lo que algunos llaman una crisis de ideas; en parte alentada por la avalancha del Manga, proveniente de Japón, y que ha tenido gran aceptación en occidente, incluidos los U.S.A, donde la industria del cómic, aunque con altibajos, sigue siendo posiblemente la más pujante del mundo.

 

El Manga japonés, con su estilo dinámico y cierto aura sentimentalista, ha sabido, desde su línea inicial, a principios de los años 80, tocar con gran maestría todos los géneros y facetas que atraen al aficionado imaginario.


      

Aparte de todo esto, se siguen haciendo buenas obras de ciencia-ficción, pero cierto es que todavía no hemos llegado a alcanzar la gloriosa época de los 80.
La falta de elementos mediáticos, que existía en la edad de oro de los “tebeos”, ya no existe. Ya no corre la gente semanalmente a por su cómic en el kiosco de la esquina, es por eso que
las obras que se realizan actualmente por buenos creadores tienen que tener de forma obligada un sello propio de estilo y calidad, que sepa atraer a los lectores a los que va dirigido.
Los tiempos cambian y la tecnología nos da ahora la posibilidad de subir al ciberespacio, entrar en nuestro kiosko virtual y bajarnos el cómic que nos gusta, leerlo tranquilamente en nuestro pc, portatil, note-book, i-pad, blacberry, tablet, smarphone, etc, donde nos plazca... Imprimir la página que queramos, comentar sobre él en facebook o twitter, opinar, hacer sugerencias al editor y los autores...
Ciencia-Ficción al fin y al cabo hecha realidad!
Por eso, cuando te descargues Blood Stone tendrás en tus manos la labor de unos cuantos creadores, que  han incorporado matices de la sci-fi más truculenta. Formados en un estilo personal muy propio, cada uno de ellos aporta su sapiencia para crear un mundo lleno de referencias a la realidad más dura dentro de un paisaje imaginario. El nuevo paisaje imaginario de Blood Stone.


 
Blood Stone 1

Blood Stone 2

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