29 feb. 2012

bosquedeluciernagas: Empieza con un café

bosquedeluciernagas: Empieza con un café: Fue encender fuego una cometa en el aire. Su cometa. Colgado del vuelo desde hace un par de meses toca el cielo con las manos cuando lo ha...

24 feb. 2012

El misterio de la casa de al lado. 6



Manuscrito encontrado en una chimenea.

El retrato de Alicia en el caballete, esperando a terminar el dibujo para empezar a manchar. Varios dibujos en Photoshop para acabar los volúmenes. Actualizaciones pendientes en el blog y en el site. Trabajo pendiente, pero el caso es que el cuaderno me llamaba, y haciendo caso de mis instintos más primarios, curiosidad e intriga, comencé a hojear mi extraño hallazgo.
Lo que al principio pensé que era obra de una sola persona, no era así y pude comprobar que solo los textos pertenecían al primer dueño del cuaderno. Los dibujos hentai y algunos garabatos pertenecían al menos a dos personas más, tal vez un chico aficionado al manga más obsceno, y algún colega posterior que había remarcado en rojo algunos dibujos e intentado garabatear sin gracia otros. Así que me dediqué por completo a los textos.
Había notas bastante precisas sobre algunas ideas de narración, inconclusas, pero con muchas posibilidades; y una bastante acabada con algunas correcciones.
Trasladé el texto de esta historia tal y como aparecía en el cuaderno al “Word”, palabra por palabra, y lo releí un par de veces, después hice una copia donde anoté mis propias correcciones en cuando a contradicciones, gramática o párrafos deslavazados, en tinta roja.
Dudé mucho acerca de lo que estaba haciendo, mi corrección de estilo, su posible publicación. No conocía el autor, cómo hacerlo.
También pensé que, si tan extraño y sobrecogedor relato se había salvado de la quema, merecía ser publicado y leído.
En mis elucubraciones, imagine que un curioso homeless había pasado alguna noche refugiado en la nave-disco y que tal vez había perdido el cuaderno o se lo habían quitado. Los chavales no suelen usar ese tipo de cuadernos Moleskine.
Ajuste las correcciones al mínimo, incluso no intenté resolver las misteriosas incongruencias del relato y di por finalizada mi edición tras ponerle título, ya que no tenía y lo tomé de una descripción del segundo párrafo, y ahora os lo ofrezco para que lo leáis.
Juzgad por vosotros mismos:

LA MUJER EN EL UMBRAL –anónimo-

Cuando Pedro -de niño-, viajaba en tren, se dejaba llevar por extrañas ensoñaciones, sobre todo por la noche, cuando insomne paseaba por los pasillos, se detenía ante la ventana contigua al compartimento que ocupaba con su familia y apoyado en la barra de la ventana observaba el paisaje pasar ante sus ojos.
Pegaba la cara al cristal y le encantaba mirar los pueblos teñidos de amarillo, al pasar del tren, recortados en la oscuridad de la noche, casas oscuras, calles solitarias, la sombra de un perro, las viejas farolas de plato meneándose en aire. Una vez creyó ver una mujer, su silueta, recortada contra el quicio de una puerta iluminada de naranja. Era una mujer bella y deseable, su silueta indescifrable prometía un cuerpo esbelto y felino cargado de sensualidad y oscuros placeres. Cosa que el todavía no comprendía en absoluto.

Continuará.

23 feb. 2012

El Misterio de la casa de al lado. 5

Laberinto.


Haciendo caso omiso de la advertencia, rodeé la estructura y encontré una amplia entrada en el lado noreste de la alargada construcción, que semejaba una nave habilitada antiguamente como un bar o disco de pueblo. Penetré en la desierta “disco” caminado sobre un suelo de baldosas gastadas con suciedad y basura barrida y acumulada hacia las paredes, adornadas estas con innumerables e indescifrables grafitis. Avance despacio, con prevención, haciendo fotos. El flash arrancaba brillos soeces a la chillona pintura de spray. La primera sala daba a otra, unos ruinosos aseos a la derecha y una chimenea al fondo con un extraño cartón a modo de cuadro apoyado sobre el borde del hogar. Era evidente que el lugar era visitado a menudo por vagabundos y chicos para resguardarse, hacer botellón, fumar petas y otras cosas más procaces. Esperaba que ninguno apareciese y me sorprendiera husmeando. Algo en la chimenea, entre la basura, llamó mi atención, hice zoom pero no lo fotografié. Preferí agacharme y cogerlo. Era un grueso cuaderno de tapas negruzcas y hojas amarillentas, del estilo “moleskine”. Los bordes, sobre todo abajo, estaban chamuscados aunque el interior, a falta de algunas hojas arrancadas, estaba intacto. Las gruesas tapas habían protegido el contenido.
Lo hojeé por encima: garabatos, dibujos obscenos tipo Hentai, y párrafos y párrafos de escritura apretada e irregular, tachones, alguna corrección. Iba a devolverlo a su lugar cuando una palabra llamó mi atención: “Minotauro”. Me quedé perplejo. De sobra es sabida mi fascinación por el mito cretense, y comencé a leer el párrafo donde se hallaba la palabra. Increíble. Lo que estaba leyendo era inquietante, perverso y a la vez fascinante, pero inconexo. Hojeé de nuevo el cuaderno buscando algún nombre propio que me diera una pista sobre el autor, pero en vano. Me lo metí en el bolsillo del chaquetón y proseguí con mi exploración. Salí de la nave disco y recorrí el jardín tomando instantáneas de todas las pintadas y desechos de la finca. Había otras dos naves, una cerrada y otra abierta. La abierta parecía un almacén de construcción, hice alguna foto, pero el lugar me resultaba muy siniestro y no entré.
Después descubrí la piscina, seca y llena de basura y hojas secas y podridas. La rodeé e hice varias fotos, fascinado por la implacable crueldad del paso del tiempo y el abandono. Era suficiente, me dirigí hacia la construcción principal y concluí mi reportaje con alguna toma no muy buena.
Decidí dejar la exploración del interior de la casa para otro día. Salí de la finca a hurtadillas por una brecha en la alambrada.
Mientras entraba en mi casa, el cuaderno encontrado me quemaba en el bolsillo.

Continuará.

17 feb. 2012

16 feb. 2012

El misterio de la casa de al lado. 4


Grafiti.

El primer grafiti me saludó con su ordinariez, me invitaba a entrar o me echaba de allí.
Es curioso pero, no improbable dado mi eclecticismo, me gustan los grafitis, los que están bien hechos, los trabajados, los divertidos, los personales, incluso esa mezcla de trazos entremezclados de colores imposibles entre sí de muchas manos anónimas y botes de spray tienen su cierta gracia. 
Pero no solo la pintada, esa impronta furtiva y clandestina que tiene un sentido estético en sí mismo, es la pared donde está plasmado, el entorno, el edificio lo que le da el encanto plástico y artísticamente subversivo. Eso es lo que realmente a mi me emociona. Grafitis sobre viejas superficies, usadas, cascadas. Odio ese grafiti asesino de paredes limpias en edificios nuevos, recientes, es un insulto no solo a la superficie en “blanco”, sino también a las personas que han trabajado para construirlo.
La superposición de los trazos de color sobre ciertas ruinas, trazadas sin escrúpulo alguno, homogeneizando superficies, sean estucado, ladrillo o cemento, marco de ventana o puerta. Reclamando un lienzo más grande, los convierte en auténticos motivos plásticos. Me encanta verlos en la carretera, llenando de color los edificios abandonados, las fachadas viejas, las vallas ondulantes y desvencijadas, rescatándolos con su color de la grisalla del olvido.
Me fascinan, independientemente de la pintada,  la decadencia y el paso del tiempo sobre las paredes como texturas aleatorias recreadas por la casualidad  y el abandono. Desconchones, mugre, moho, ventanas rotas, restos extraños en el suelo. Pistas inconexas de un pasado más feliz. Y me pregunto:
¿Qué pasó, porque lo dejasteis acabar así, no lo cuidasteis… no tapasteis sus grietas, no secasteis sus humedades… y lo abandonasteis a su suerte?
Una casa abandonada es como una persona solitaria y desamparada, como un perro sin amo, como un árbol sin agua… se va degradando lenta e inexorablemente hasta que no es ni la sombra de lo que fue. Esas manchas de color no son un insulto, sino un homenaje.
Como dije antes, el primer grafiti era una advertencia para todo el incauto y extraño que penetrara en el recinto, entra por tu voluntad y asume tu propio riesgo.
¡Jodete!
No me había ya jodido bastante, no habíamos jugado la vida y yo demasiadas veces a la ruleta rusa, y otros fuegos peores. Me reí, amenaza burla y rabia, quien lo había pintado había sentido todo eso, aparte de insatisfacción. Probablemente cuando acabó de hacerlo se sintió mucho mejor.
Es curioso como la creatividad y el arte son capaces de sublimar las más terribles y oscuras pasiones y sentimientos humanos en algo bello y arrebatador. Por eso las mejores canciones de amor, hablan de desamor.
Los violentos, ante el odio la tristeza y la frustración, destruyen, el artista crea.

Continuará.

8 feb. 2012

bosquedeluciernagas: Copiar a Teresa

bosquedeluciernagas: Copiar a Teresa: Quieta, quieta como la estatua de Colón que hay después de la Rambla, así se quedó pensando lo que empezó a tramar. Y no fue por los canal...


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3 feb. 2012

El misterio de la casa de al lado. 3


Get up.


El zumbido del despertador de la blackberry me despertó, busqué el dispositivo a tientas y pulsé en posponer 5 minutos. Me encanta permanecer en la cama un poco más, es el mejor momento del acto de dormir. A veces pospongo y pospongo, hago un repaso mental de los quehaceres del día y me levanto.

Pero esa mañana estaba inquieto por el sueño y me levanté a la segunda tanda de zumbidos.

El agua caliente tarda mucho en salir bien caliente, demasiado. “Tengo que ver la manera de aprovechar el agua,” pensé mientras me enjabonaba.

Me preparé mi desayuno digital, es decir ante el pc, trabajando. Es una forma de recuperar el tiempo que pierdo en la cama.

Revisé el correo. El día era nubloso pero no frío. Busque la cámara y me abrigué para salir, estaba dispuesto a hacer unas cuantas fotos de los graffitis que se entrevén en algunos muros tras los árboles. Y de paso investigar en el jardín prohibido de la casa encantada.

Salí y rodeé la manzana hasta acercarme al muro exterior de la finca. Hice algunas fotos y vislumbrando un hueco en la ruinosa verja que circunda el jardín, penetré en él.

Bajando por una rampa de tierra que bordea el edificio pude comprobar que, aparte de los gatos, el lugar había sido hollado con anterioridad y de forma asidua por seres de mayor tamaño.

Vagabundos, chavales de botellón… quizás parejas para darse el lote.

Avancé entre la descuidada jungla de malas hierbas, árboles y arbustos, hasta una construcción alargada de un solo piso cuyas paredes enfoscadas estaban cubiertas de graffitis.

Y a cubierto de las miradas de curiosos, aunque la calle adyacente es muy solitaria, comencé a disparar el obturador como un reportero en tierra hostil.