30 ene. 2012

bosquedeluciernagas: Natalia se fugó

bosquedeluciernagas: Natalia se fugó: Se fugó dejando las ventanas abiertas y la puerta de atrás también. Se fue buscando un lugar en el mundo, un rincón que le fuese tan propi...

data:olderPageTitle

28 ene. 2012

El misterio de la casa de al lado 2


2- Nocturno.

Pero una noche, me desperté sobresaltado, no podía respirar, me incorporé en la cama, de pie, desnudo y empapado en sudor contra la ventana, intentando en vano insuflar aire en mis pulmones, pero mis roncos intentos parecían vanos, el aire no entraba: Un ronco gemido de entrada acompañado de otro más angustioso de salida, una vez tras otra, me decían claramente que me estaba asfixiando.

La persiana no estaba bajada del todo y pegado casi al cristal pude ver el paisaje nocturno, la masa oscura y arbórea, un recuadro enrejado amarillo, casi naranja. Había luz en la casa.

Me sobresalté y fue entonces cuando mis bronquios se expandieron dando paso a una bocanada de verdadero aire. Al recobrar el aliento miré agradecido de nuevo hacia fuera. Pero solo vi sombras. Nada más. Perplejo me fui al aseo, y me limpié la garganta y la nariz atascadas y volví a la cama, pensando seriamente en que no debo fumar, esto solo me pasa cuando fumo, aunque a decir verdad, tenía un pelo en la garganta.

Me dormí con ardor en el pecho, pero luego, sentí como si mi cuerpo se hubiera liberado por completo y una paz infinita me transportó al mundo de los sueños, y allí estaba ella.

Oculta por un velo negro traslucido su cuerpo se mantenía quieto en la estancia,  una habitación pequeña y desnuda, iluminada por la luz anaranjada de las velas que se consumían en las esquinas, provocando sombras que impedían dibujar con exactitud ese limbo.

El suelo polvoriento conservaba restos de cosas indecibles, como fragmentos de ladrillo o botellas, maderas o tal vez trozos de tejas… podía verla claramente en aquella habitación bajo un cielo estrellado que se filtraba a través de las vigas del techo.

Ella miraba directamente a la ventana, y aunque yo no podía ver sus ojos, sabía que eran negros como la noche, brillantes como la luna y que estaban mirando a través de la enrejada ventana de la casa de al lado, directamente a la ventana de mi dormitorio.

Continuará.

bosquedeluciernagas: Te quería

bosquedeluciernagas: Te quería: De verdad te quería. Te quería muchísimo. Con locura. Con demasiada locura. Te quería las 24 horas, de lunes a lunes y especialmente los do...

data:olderPageTitle

24 ene. 2012

El misterio de la casa de al lado. 1

Paisaje desde la alcoba.




Por la mañana el sol dibuja una sombra que define los confines del descuidado jardín de la casa de al lado. Y entre la maraña de ramas despobladas del arce, el gran abeto y el eucalipto se divida una ventana enrejada y clausurada con un postigo. Enmarcándola, una pared de enfoscado y ladrillo comidos por el tiempo, debe de ser la planta alta de la casa, porque está coronada por un tejado vencido y roto que casi deja entrever sus entrañas.

Tras la casa, césped descuidado, por donde pasean los perros a sus amos, un camino que se pierde en sus farolas, y  las instalaciones y torres de la subestación eléctrica, dividendo el cielo con sus cables.  Y más al fondo, como castillos, los edificios de una moderna urbanización.

Por la tarde, un suave tono dorado lo envuelve todo en franjas, pero manteniendo siempre ese límite, aunque entonces la luz avanza por el lateral del jardín, apenas definido por una verja metálica oxidada y doblada y los ladrillos corrompidos por la ruina de lo que tuvo que ser un muro, por donde pasean los gatos sin amo.

Por alguna oscura razón algunos desgraciados han tirado la basura por ahí, como si les diera pereza acercarse a los contenedores que abundan en la calle asfaltada y civilizada, tal vez pretendan mantener la barbarie en sus almas, si es que las tienen.
Estas bolsas y desechos, latas, frascos, cartones, bolsas,  rompen esta armónica decadencia y hacen rayajos en mi retina.

Cada día miro a la casa y en la creencia de que nadie puede verme me visto y desvisto sin pudor alguno, sin bajar la persiana. Es un alivio no tener que bajar la persiana, no poner cortinas, dejar que el paisaje entre adentro de la habitación como un cuadro móvil de luz y formas.

Pero hay momentos en los que imagino que alguien, oculto tras la ventana, puede observarme tras una rendija que yo no puedo ver sino adivinar. También me pregunto si alguien desde la subestación puede verme, aunque el reflejo del cielo sobre los cristales se lo impediría, ¿o tal vez no?

Extrañamente la vista del paisaje desde la alcoba me llena de paz.



Continuará...