7 mar. 2012

EL JUEGO MAS PELIGROSO 3

Cap. 3 De copas
Con Víctor el trasnochador, disfrutaba de salidas nocturnas enloquecidas, de bailes desinhibidos, sexo perverso y  borracheras y resacas des-estresantes. Víctor era divertido y procaz, tenía un trabajo anodino en una oficina estatal, y necesitaba la noche para desprenderse del tedio y darle un sentido a su vida acomodada. Era capaz de hacerla reír y bailar como una posesa, de meterle mano en la pista bajo la falda, de comerle las tetas en una esquina. De arrodillarse ante ella en un portal y arrancarle las bragas con los dientes.
Era una relación desenfadada, sin tensión emocional, sexualmente abierta. Solo juerga y diversión, una liberación de la pasión intelectual y reprimida de Oscar y la sexualidad primaria de Raúl.
La mayoría de las veces, cuando llegaban al piso de él, caían redondos en la cama, ahítos de alcohol. Permanecían abrazados como niños hasta que el calor de sus cuerpos les hacía entrar en el juego incandescente y comenzaban a frotarse, acariciarse, besarse, lamerse.
Ella buscaba el miembro medio muerto de Víctor y con paciencia manual y bucal conseguía revivirlo. Disfrutaba enormemente haciéndolo, porque sabía que era ella la que lo endurecía. A Raúl solo le veía el pene en relativo reposo  tras el acto, y con Oscar solo había notado el bulto rampante tras el pantalón.
Y follaban, hasta que a Víctor se le bajaba.  Pero ella nunca se quedaba a medias, sabía que la serpiente intermitente de Victor podría volver a atacar.
Incapaz de empalmarse, en esos momentos, pero tremendamente excitado, Victor, caballeroso, ponía fin a la tensión de Stella masturbándola con la mano a la vez que le chupaba el clítoris sin tregua. En eso era el mejor. El si que tenía una lengua digna de “Mick Jagger”, “David Bowie” y “Elvis Presley” juntos.
Después, el muy guarro se sentaba a horcajadas sobre su pecho y se frotaba el pene ya erecto con sus senos, en su cara, en su boca y se la metía hasta el fondo para que ella se lo comiera.
Caliente y gorda le frotaba el paladar y ella disfrutaba de estos momentos de respiración contenida succionando con fruición.
Cuando Víctor estaba a punto de eyacular, sacaba el miembro de su boca cálida y profunda y comenzaba a meneárselo hasta que, entre gruñidos salvajes, esparcía ardientes gotas blancas sobre su cara su pelo su pecho, la almohada y la pared.
A Stella le encantaba que se corriera así,  salvaje y feliz, sobre sus tetas y su cara. Sentir las ardientes gotas golpeando sorpresivas y aleatorias su piel sensible  y expectante.
Era un sexo sin compromisos, aunque Víctor a veces se ponía pesado y no le bastaba una vez por semana. Ella aludía entonces a incesantes compromisos para evitarlo.
Y cuando quería estar tranquila quedaba con el gran amor de su vida, su hijo Manuel que con su novia Berta formaban una pareja envidiable -por ahora-, y se pasaba un día entero con ellos –por fortuna Berta era un encanto de chica y se llevaban fenomenal-, cocinando platos exóticos que solo ellos admiraban, o viendo pelis de terror, que les divertían a los tres, en el blu ray.
Pero cuando estaba muy tensa, nerviosa y enfadada, llamaba a Rafa, su ex, que vivía con una chica muchos años más joven que él, y le montaba un pollo.
Ese era un anclaje que no podía evitar, aun a costa del daño, Stella se quedaba más relajada que con un buen polvo.
Cada uno de los hombres de su vida era una pieza del puzle del hombre perfecto para ella,  de veras que le hubiera encantado tener uno solo, pero entonces hubiera tenido que renunciar a lo que le daban los demás. Y evidentemente no podía coserlos, unirlos, crear a la criatura de “Frankenstein”.
Stella no sabía no quería no podía, estar sola. Excepto en el baño, y aun así se miraba en el espejo y hablaba en alto para sentirse acompañada.


CONTINUARÁ...

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