19 feb. 2013

Sueños y Visiones: VAMPIRE LOVERS

 
-La víctima también es culpable.
-¿Cómo puede decir eso, Vanhelsin? – Froid se revolvió indignado en su confortable sillón del club de los caballeros solitarios.
-Elemental Froid,  –aseveró el severo profesor mientras ojeaba el catálogo anual de vampiras exquisitas -  el vampiro solo puede acceder a su víctima si es invitado.
- Es usted injusto, profesor. –y se ajustó los anteojos- Bien sabe cómo actúan los amantes vampiros: proyectan una pantalla psíquica  sobre sus víctimas, estas creen tener ante si al ser deseado ancestralmente, ese que cubre y satisface ampliamente sus más íntimas fantasías y necesidades…
-Siempre hablando de sexo doctor Froid. –El profesor dio un sorbo a su roja bebida.
-No es solo sexo, y usted lo sabe Vanhelsin, es algo más. –el doctor Froid se echó hacia delante gesticulando con el índice - Basta un beso para inocular el veneno de la posesión. Y la víctima ya no puede escapar…
-En eso estoy de acuerdo, Froid, el veneno de la posesión… -Vanhelsin cerró el catálogo con un dedo entre las páginas-  El amante vampiro posee a su víctima desde el primer momento, pero no se deja poseer nunca, de hecho la aleja de sí, la rechaza y minusvalora siempre que puede. Por lo que la victima siempre está a sus expensas, anhelando el beso, la caricia o la aceptación de su vampiro. Incluso disfruta con el castigo.
-Exacto – Froid se mesó la barba-,  así cualquier halago o acercamiento del vampiro hacia su víctima, es visto por ésta como una posible culminación de la totalidad de sus deseos. Y se crea una red terrible de sufrimiento y éxtasis que poco a poco va anulando la voluntad de la victima amante. Es como una droga psíquica. Cuya dosis solo proporciona el vampiro en cada acercamiento, incluso en el rechazo.
-Pero sigo pensando, Froid en la culpabilidad de la victima que elige al vampiro como pareja.
-O el vampiro a la víctima, Vanhelsin, todas las víctimas son elegidas por su gran energía, y vitalidad. -Froid hizo una pausa, sus ojos buscaban algo en el aire-  Y el amante vampiro, (que en el fondo carece de esa energía, positividad y poder, pero que oculta esa debilidad bajo su carácter dominante, su seductora presencia y su caprichosa desenvoltura) no duda en ejercer su influencia, porque desgraciadamente él también se siente atraído por su víctima…
-Bueno, ya está bien de cháchara. -dijo Vanjelsin mientras apuraba su Bloodymary- ¿Qué le parece ésta? – y le mostró a su colega la foto de una vampira estupenda.
-¡Yvanna! Hermosa, lasciva, fascinante. Perfecta para usted, a su medida. Muy elegante.
-Bien, y usted Froid. ¿Cual prefiere? Déjeme adivinar… Hanna, la vampira mesonera.
-¡Maldita sea Vanhelsin!  ¡Cómo conoce mis gustos!
-Es usted un libro abierto, Froid, miré, por ahí vienen.
-¡Ah! –Exclamó Froid mientras las dos hembras vampiras surgían de las sombras de la antesala. Hermosas, lascivas, seductoras, perversas, perfectas. Deslizándose hacia ellos,  irradiando una aureola psíquica de sexo y pasión.
Froid se levantó caballeroso para recibir a las vampiras. Vanhelsin tampoco se hizo de rogar. Y dijo al fin:
-No se deje besar, Froid, no hemos venido a Transilvania para eso.

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