10 feb. 2013

Sueños y visiones. EL CARNAVAL DE LAS VANIDADES.

Siempre he querido disfrazarme de esqueleto, pero acabo disfrazándome de canalla.
Malevo, pirata, penitente, gangster, jeque, vampiro, lobo, “Casanova”.
Aunque tal vez debiera de haberme disfrazado de esclavo –no confundir con el sado-maso-, esclavo currante, digo, que es lo que se lleva ahora... Pero no me lo hubiera pasado tan bien.
En la fiesta:
Helena de Troya jugaba con Robespierre a cortar zanahorias con una guillotina de puros, María Antonieta perdía la cabeza por un chulazo vestido de Peter Pan que no paraba de magrear los muslos de Cenicienta. Dos esclavos egipcios construían una pirámide mientras Cleopatra esnifaba en un espejito mágico. Madam Butterfly hacía un striptís iluminada por un foco ante el coro de cautivos inmigrantes rumanos.
Su cuerpo desnudo repleto de grafitis obscenos.
El Capitán Kirk besaba a un azorado Mr. Spok.
Mozart enloquecido tocaba el acordeón de los pechos de Mesalina, mientras dos Senadores Romanos se jugaban a las tabas el imperio de occidente.
Y de repente una banda de Corruptos Trajeados de Higo Bus irrumpió para intentar cobrarnos el impuesto estatal-revolucionario con iva añadido porque la diversión es un bien ejecutable. Punible.
Dos enfermeras en huelga les sacaron los ojos para hacerles ver la luz. Y les privatizamos dentro de un congelador para enfriarles el mono de money.
Acabé en un rincón besándome con caperucita-loba.
Mientras los demás, con  algarabía, coreaban a la Madrastra -más bella que nunca-  haciendo feliz por fin a Blancanieves.

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